El sótano que la compañía de basureros Junk King estaba vaciando
estaba lleno hasta el techo de discos de vinilo. En total había 170
palés industriales y 75 estanterías llenos de discos hasta la bandera.
Las órdenes eran las órdenes (El sótano debía quedar vacío) pero a la
compañía no le importó que Wallace acelerara ese trabajo llevándose una
parte a la oficina que, afortunadamente, acababa de alquilar en el mismo
edificio.
El problema era que no había tiempo de seleccionar, así que Wallace
hizo lo que buenamente pudo y eligió estanterías por calidad y por
género. Terminó llevándose un poco más de la cuenta. Después de 10 días
empaquetando día y noche, este entusiasta de los vinilos terminó con 12
palés de 450 kilos cada uno. Según los cálculos, se ha llevado algo más
de 50.000 discos, y lo que más le duele es que el resto haya acabado en
algún vertedero.
Por supuesto, el coleccionismo no es lo único que
motivaba a este amante de la música. La idea de Wallace es clasificar
el botín y vender los discos más valiosos para ayudar a financiar su
nueva oficina, y ahí es donde comienza el problema. “Esto no va a hacerse en un día”, confiesa en una entrevista a MEL. “Incluso aunque logre catalogar 100 discos al día, esto va a llevar bastante tiempo”, añade.
Entre la colección aún no ha aparecido ningún tesoro, pero sí álbumes
que cuestan sus buenos 30 dólares en eBay. La colección incluye de
todo, desde Lionel Richie a la banda sonora de la película Zorba el
Griego, la banda sonora de Star Wars, Grateful Dead, Michael Jackson,
KISS... Música para toda una vida.
A estas alturas la gran
pregunta es ¿cómo demonios terminaron todos esos discos abandonados en
un almacén en primer lugar? La respuesta a esa pregunta es The Record Exchange,
una tienda de vinilos nuevos y usados que funcionó en Chicago entre
1977 y 2004. Su propietario, Gary Horwitz, la abrió para acercar la
música a la gente, y logró su objetivo. The Record Exchange fue un éxito
y hasta sirvió de inspiración a la mítica película High Fidelity.
Horwitz compraba los discos al por mayor con la idea de que algún día
tendrían algún valor, pero le pilló la jubilación. Este mismo año, el
promotor de The Record Exchange se mudó a Hawai con dos
contenedores repletos de vinilos seleccionados (unos 120.000) y la
intención de abrir una estación de radio en la isla. Respecto a las
toneladas de discos que dejó en el almacén, Horwitz se encoge de
hombros. “Seleccionarán lo que tenga algún valor, y el resto
probablemente lo tiren, pero yo no haría eso a la ligera. Algunos de
esos discos son primeras ediciones. Si alguien tiene el tiempo y la
paciencia, puede encontrar auténticas joyas.”
Parece que Wallace ha recogido el guante lanzado por el dueño de The Record Exchange. Ahora solo falta que se haya llevado los 50.000 en los que había algo de valor. [vía MEL]
Durante sus primeras décadas en la música formó el grupo Gladys Knight & The Pips junto a su hermano Merald Knight y dos de sus primos. Hicieron su primer top10 en 1961 con el tema Every Beat of My Heart, el cual contenía una gran influencia del doo wop.
Firmaron con las compañías Fury y Maxx, y lanzaron los singles «Letter
Full of Tears» y «Giving Up», pero hasta que no ficharon por Motown en 1966 no les llegó su gran éxito. Influidos por su tradición góspel y artistas soul,
cosecharon éxitos como «I Heard It Through the Grapevine», «If I were
Your Woman», «It Should Have Been Me», «The End of Our Road» o
«Friendship Train».
En 1973, Gladys Knight lanzó su mayor éxito en Motown, «Neither One
of Us (Wants to Be the First to Say Goodbye)», y poco después
abandonaron la discográfica para firmar con Buddah. En este nuevo sello
se consolidaron lanzando tres de sus más famosos éxitos: «Midnight Train
to Georgia», «I've Got to Use My Imagination» y «Best Thing That Ever
Happened to Me».
Después de esta época, Gladys se fue separando cada vez más del grupo y moviéndose hacia otros géneros como el easy listening y el quiet storm, sin perder su esencia góspel, línea en la que hoy aún se mantiene. A mediados de los años noventa alcanzó mayor notoriedad con un dueto con Frank Sinatra. En 2005 editó One voice, disco de góspel en el que colabora The Saints Unified Voices
y con el cual consiguió colocarse en lo más alto de las listas del
género. Un año después, en octubre de 2006, vuelve con un álbum en el
que rinde honores al jazz más clásico con temas de Duke Ellington y
Gershwin entre otros, titulado Before me.
En 1989 interpretaría el tema central de la película Bond License to Kill), en una pieza que históricamente ha sido señalada como una mala copia de Goldfinger de Shirley Bassey, incluso por las trompetas que suenan en la introducción de License to Kill.
Gladys Knight creó y ahora dirige el coro mormón Saints Unified Voices. También lanzo un CD ganador del Premio Grammy titulado One Voice.