5 ene. 2013

Ron Sexsmith - Full Concert in Germany (December 11, 2011)

23 Febrero Barcelona (Apolo 2)



www.ronsexsmith.com


Ninguno de los álbumes de Ron Sexsmith es un superventas, pero si queremos resumir su carrera en cifras también podemos. Tiene 47 años, ha publicado una docena de discos en veinte años y tiene dos hijos de su primera esposa, Jocelyne, con la que estuvo casado quince años. El chico nació en 1985 y la chica en 1989. Es decir, que cuando debutó con “Grand Opera Lane” (Ronboy Rhymes, 1991) tenía cuatro bocas que alimentar. No es una posición habitual para un artista pop. Y en absoluto ventajosa en un mundo tan competitivo. Hace cinco años quedé un rato con él para hablar de todo esto. Fue durante la gira de presentación de “Time Being” (Warner, 2006). Estaba avisado sobre el tema a tratar en aquella entrevista y aun así respondió con una franqueza abrumadora.
Cuando empezaste en la música tu primogénito tenía 2 años. ¿Cómo recuerdas esos inicios? Cuando acababa mi jornada laboral llegaba a casa, cenaba, acostaba al niño y me iba al centro de la ciudad para ver si podíamos colarnos en las jornadas de escenarios abiertos y, de este modo, conseguir alguna actuación remunerada. Era mucho trabajo, pero, aun así, hice mucha vida con mi hijo en esa época. Lo llevaba al parque, a natación...
Entonces trabajabas de mensajero. ¿Motorizado? No, mensajero de a pie; en el centro de Toronto. Durante seis años yo era el tipo que entregaba paquetes arriba y abajo.
Creo que evitabas tener un trabajo agradable. No quería trabajar en algo a lo que me pudiese habituar. Este era agotador y ni siquiera estaba bien pagado. En casa no teníamos equipo estéreo ni reproductor de vídeo. Y con el fax, el trabajo del mensajero fue decayendo. De golpe, sacaba menos de quinientos dólares en dos semanas y debía ir a instituciones benéficas a pedir cheques para llegar a fin de mes. En cierto momento me ofrecieron un puesto en la empresa estatal de correos. Era muy tentador: sueldo fijo, pagas extra... Pero aceptarlo tal vez me hubiese proporcionado una comodidad que me habría hecho olvidar mi sueño.
¿Qué dijo tu mujer? Jocelyne siempre me apoyó mucho. Cuando nació nuestro primer hijo, vivíamos en el campo, en Quebec. Yo le propuse mudarnos a Toronto para poder dedicarme a la música y aceptó sin rechistar. Fue duro, pero nunca me dijo que me buscase un trabajo de verdad o dejase la música. Mi familia siempre fue muy importante para mí, pero de algún modo siempre antepuse la música. Sé que es un modo extraño de ordenar tus prioridades.
Cuando obtuviste tu contrato editorial, ¿pensaste que eso salvaría la situación?Me puse muy contento, pero yo quería grabar mis discos. Fue como ganar el segundo premio. No era mi sueño, pero al menos estaba cerca. Un año después tenía dos o tres ofertas de contrato discográfico y eso sí fue una gran sorpresa. No hubiese sido feliz siendo solo compositor.
¿Cambió el ambiente cuando te fichó Interscope? ¿Sentiste que habías triunfado? Oh, sí. Cuando me estaban cortejando nos pagaron un viaje a Los Ángeles. Celebraron una fiesta en mi honor, nos llevaron a Disneylandia con los niños... Vinieron para llevarnos al aeropuerto con una limusina y era más grande que nuestra casa. Pero, claro, todo eso tenía una contrapartida. Hasta entonces yo trabajaba de día y por la noche volvía a casa. Esta nueva vida implicaba estar fuera de casa largos períodos de tiempo. Cada vez que me salía una gira tenía miedo de decírselo (a Jocelyne). Los dos teníamos un gran sentimiento de pavor una semana antes. Yo me sentía mal y a ella también le cambiaba el humor.
¿La peor semana siempre es la anterior a salir de gira? Sí, la semana antes de partir y la semana posterior al regreso. Esta también era muy tensa porque ella se había acostumbrado a mi ausencia y de repente parecía que yo siempre estuviera en medio estorbando.
 
RON SEXSMITH, La presión financiera existe
Un sensible Ron Sexsmith abre su alma como probablemente no lo haya hecho nunca antes.
 
¿Fue difícil acostumbrarse a estar lejos de casa? Los dos primeros años fue muy extraño. Para grabar mi primer disco tuve que estar cuatro semanas en Woodstock y otro mes en Los Ángeles. Añoraba mucho a mi hija pequeña. Acabamos de grabar el disco una semana y media antes, así que adelanté el vuelo de vuelta. Un año después, estando de gira, noté un cambio: ya no quería volver a casa. Me sentía como un adolescente, tan libre que tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Yo nunca había subido a un avión y viajar se convirtió en algo bastante adictivo. Era como vivir tus 20 años a los 30. De repente, estaba en la carretera y hacía todas esas idioteces que haces de gira. Llegó un punto en que cuando acababa la gira me inventaba que tenía unas entrevistas y me tomaba un día extra para mí solo antes de volver a casa. Necesitaba descomprimirme. Y esto mismo me hacía sentir mal.
¿El choque de la vuelta a casa se acentuaba al ser padre? No sé si le pasará a todos, pero he hablado con gente que ha vivido situaciones parecidas. La vida en carretera es tan rara... Yo me sentía feliz y afortunado por hacer realidad mi sueño de grabar discos e ir de gira. Aunque llevaba trabajando toda la vida, sentía que mi trabajo empezó de verdad el día que firmé el contrato. De repente, tenía que tomarme en serio componer canciones, pero cuando volvía a casa era difícil. En cierto modo, era como si mi trabajo en la carretera ya hubiese acabado y tuviera que relevar a mi mujer en casa. Llevaba a los chicos al colegio y luego me ponía a escribir, pero entonces la secadora se paraba y tenía que sacar la ropa... Hice muchas canciones de mis primeros discos en hoteles y camerinos en las giras.
¿Te faltaba espacio en casa? Sí. Vivíamos cuatro en una casa de una sola habitación y era muy difícil encontrarlo. Mi esposa y yo dormíamos en un sofá-cama que montábamos en el comedor y mis hijos dormían en la habitación. Y luego teníamos un sótano donde estaba la tele y hacíamos la vida de familia. Cuando todos estaban despiertos no tenía un lugar donde sentarme a escuchar música. Era muy claustrofóbico. No solo para mí, sino para todos. En muchos sentidos, fue una época muy egoísta porque yo sentía que al fin hacía lo que merecía. Era una posición muy interesante para un compositor: había mucha confusión, culpa y todas esas cosas que van tan bien para componer, pero también estaba perdiendo la cabeza y cuando volvía a casa padecía una especie de depresión post-tour. Me deprimía y, de repente, pensaba que ya no tenía nada en común con Jocelyne.
Cuando volvías, ¿sentías que tu mujer pensaba que venías de pasarlo bien? A veces sí noté que no consideraba lo que yo hacía como trabajo. A veces, de hecho, lo estaba pasando mucho mejor que ella. No es muy glamuroso ser ama de casa. Para mí ir de gira era un gran alivio mental: sabía que los niños estaban con su madre, que tenían comida y ropa limpia... A menudo llamaba a casa, cuando los niños estaban en la escuela. Pero al poco empecé a notar que no le apetecía oír lo bien que yo lo estaba pasando. Le contaba que acababa de ver una estatua preciosa y ella me cortaba diciendo que tenía que empezar a hacer la cena. Cuando llamaba nunca sabía de qué humor estaría. Y tampoco me veía con ánimos de llamar mientras había una chica en mi habitación. Ya sabes, todos esos clichés...
¿Son inevitables? Hay gente que puede evitarlos. Pero son superhombres. Supongo que yo soy más débil y que, al haber estado siempre con la misma mujer y no haber vivido mis 20 años, me sentía inquieto y, al mismo tiempo, cómodo estando con chicas con las que quizás tenía más en común. En realidad, lo único que tenía en común con mi mujer eran los niños.
¿Ayuda que tu mujer esté vinculada a la música? Llevo ocho años con mi actual pareja, Colleen, y nos llevamos muy bien, pero, en ciertos aspectos, especialmente en cuanto a gustos musicales, tenía más en común con Jocelyne. Colleen viene a veces conmigo de gira y eso es algo que Jocelyne nunca hubiese podido hacer. Con Colleen no podemos estar más de dos o tres semanas sin vernos. Ella ha estado con músicos antes y sabe que la tentación siempre está ahí. Y no hablo solo de mujeres, sino de la bebida, de las drogas...
¿Colleen tiene hijos? No, pero su vida está llena de niños porque es canguro profesional para estrellas: David Byrne, Rosanne Cash, John Cale, Loreena McKennitt...
¿Has intentado componer alguna canción para tu mujer o tus hijos como un modo de aliviarte y/o compensar tus ausencias? Constantemente. En mi segundo álbum –“Ron Sexsmith” (Interscope, 1995)– había muchas canciones para Jocelyne: “In Place Of You”, “Wastin’ Time”... En el segundo y tercer disco ya no podía esconder que no era feliz. En el cuarto –“Whereabouts” (Interscope, 1999)– compuse una titulada “Doomed” y ella empezó a preguntarme: “¿Qué pasa con estas letras? Son más tristes”. Era normal que todo eso se filtrase en las canciones. Muchas las compuse justo después de nuestra ruptura. Compuse “Former Glory” y “Clown In Broad Daylight” para mi hija y “Best Friends” y “Pretty Little Cemetary” para mi hijo. Algunas son sobre ellos y otras eran para ellos. Y muchas de ellas surgieron del sentimiento de culpabilidad, la verdad.
 
RON SEXSMITH, La presión financiera existe
Secretos del corazón, entre la familia y la música, con el instinto del artista sobrevolando.
 
Una canción demasiado confesional puede molestar a alguien cercano. La solución sería camuflarla, pero entonces no serías tan sincero como pretendes. Y al final tienes que preguntarte si es más importante satisfacer a tu público o a la gente que quieres. Randy Newman tiene una canción donde dice: “Vendería mi alma y la tuya por una canción” –se refiere a “I Miss You”–. Por un lado quieres dar a la canción la mejor forma posible, pero demasiadas veces he tenido que cambiar alguna cosa para no ofender a alguien. Algunas canciones son muy directas y otras tienen una especie de velo con el que intentas proteger su inocencia. Ambas fórmulas pueden ser buenas. E incluso en una canción más velada, tampoco quiero que la gente se pierda y no sepa de qué hablo. Ahí entra una parte de juego en que siempre intento escribir de forma que se pueda comprender universalmente.
¿Qué piensa el resto de tu familia de tu carrera? Padres, abuelos, tíos, primos...Todos están muy orgullosos. Como tardé tanto en firmar un contrato, aún están sorprendidos de cómo me han ido las cosas. Cuando me mudé a Toronto sabían que tenía muchas cosas en contra y temían que me fuese mal. Siguen decepcionados porque mis discos no hayan vendido tanto como ellos creen que debieran vender. Pero, bueno, me ven en videoclips, me ven por la televisión, saben que he conocido a la mayoría de mis héroes...
Quise hablar contigo de este tema porque en 2005 te hice otra entrevista en la que te pregunté si siendo padre de familia habías sentido presión para componer una canción que resolviese tu vida económica. Me respondiste: “Esta presión financiera existe. De hecho, estoy manteniendo dos casas: la mía y la de mi ex, aunque ambas son de alquiler. Existe esa presión por componer un éxito que te alivie económicamente, pero no te puedes guiar por ello”. Y añadiste: “No es una presión que reciba de mi familia, sino una sensación en el ambiente ante la cual debo ser paciente”. Imagino que la situación no ha cambiado. Es un poco frustrante. He hecho muchos discos y a veces sí pienso que a estas alturas ya debería gozar de una situación financiera más segura. Pero me siento feliz de haberme ganado la vida tocando desde 1994. Mucha gente no ha conseguido ni siquiera eso. Tampoco sé durante cuánto tiempo más podré hacerlo yo. Siempre pienso que algún día, como por arte de magia, alguien cogerá una de mis canciones y la hará famosa. He lanzado muchas canciones por el mundo y las veo como semillas que tal vez un día se conviertan en algo más. Quizás algún día tendré un precioso jardín.
¿Has hablado de esta presión con otros músicos? Intuyo que con la familia aún es más difícil hablarlo. Nunca hablamos de esto en la familia. Lo suyo es más preguntar por alguien famoso a quien pueda haber conocido. Y sí he hablado con otros músicos sobre lo duro que es sacar un disco y ganarte la vida con los conciertos. Las giras son cada vez más duras y caras. A veces me pregunto cómo será el futuro. Los sellos están en crisis, todo está cambiando y a veces pienso que si tuviese dinero querría desaparecer un tiempo y verlo todo desde la barrera para entender qué está pasando. Quizás debería concentrarme más en componer para otra gente. No lo disfruto tanto, pero quizás debería probar a ver si por ahí tengo suerte.
Cuando Rod Stewart grabó “Secret Heart”, ¿pensaste que al fin cambiaba tu suerte? Todo el mundo me aseguraba que cuando Rod Stewart canta una canción tuya te llevas medio millón fijo. Estaba excitadísimo, pero la canción ni siquiera fue single. El dinero lo ganas si la radian mucho y esta no la pinchó nadie. Pero, bueno, hicimos algo de dinero.
¿Has llegado a prometer a tu familia hacer todo lo posible por componer un éxito? Nadie me lo ha pedido, así que no he tenido que hacerlo. Pero yo lo intento en cada disco. A veces estoy en casa tocando una canción nueva y Colleen dice: “Esto suena a ‘hit’”. Siempre compongo canciones que a mí me gustaría escuchar por la radio.
¿Consideras que has jugado en desventaja ante músicos jóvenes y sin responsabilidades familiares? No empecé a componer canciones hasta que fui padre. Esto me hizo tener los pies en el suelo y me ayudó a madurar en muchos sentidos. A veces me pregunto de qué pueden escribir los chavales de 18. Apenas han vivido; o quizás sí, qué sé yo. Obviamente, si no tuviese mujer e hijos podría estar siempre de gira y hacer todo lo necesario para mi carrera, pero nada hubiese sido igual y tampoco yo sería la persona que soy. Ser padre tuvo un impacto en mi forma de componer y también lo han tenido todas las situaciones adversas. No me arrepiento para nada de cómo ha sido mi vida. Todo pasa por alguna razón. 

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